Skyfall, gusto por lo clásico

Renovarse implica aceptar el cambio, y aceptar el cambio implica, también, aceptar como inevitable la pérdida de viejas costumbres. La renovación es siempre un proceso difícil, pues puede pasar por el desconcierto, la sensación de vacío y el miedo a lo desconocido. Sin embargo, la renovación es también una forma de aceptar que hay cosas que nunca cambian y que el espíritu inicial de aquello que pretendemos renovar estará presente hasta el final, haya renovación o no, sin traicionarse.

Skyfall es una película que se define en su primera imagen; algo que sabemos cuando termina la proyección. La película comienza con un pasillo oscuro en el que aparece, de repente, la silueta de un James Bond enfundado en su perfecto y elegante traje, al tiempo que blande, de forma defensiva, su clásica arma. Hace acto de presencia con un golpe de orquesta de la inconfundible banda sonora que ha acompañado al personaje desde sus inicios. Esa imagen, claro referente a la clásica entrada de Bond  (aquella en la que un punto de mira sigue al personaje, hasta que éste dispara contra ella), pone de manifiesto que nos encontramos ante una cinta que pretende recuperar los valores originales del personaje; y que pretende hacerlo sin olvidar que vivimos otros tiempos.  Es por lo tanto, Skyfall, y como ya se ha dicho en otros lugares, una película de James Bond. Ni más, ni menos. Una película a la vieja usanza, de las que podíamos llegar a echar de menos, pero con todo lo nuevo que deberíamos encontrar en una cinta de estas características en nuestros días. Sinceramente creo que esta película está destinada a conciliar el futuro con el pasado. No sé si la saga volverá a mirar atrás, pero está claro que Skyfall es un intento de dar lo mejor de lo viejo, con aspecto de nuevo.

Y es que ese el tema de la película. Una cinta en la que un James Bond clásico sigue viajando por el mundo, seduciendo a mujeres bellas y espiando sin ni siquiera llevar un portátil encima en pleno siglo XXI. James Bond no responde e-mails, al mismo tiempo que se enfrenta con un villano que no es otra cosa que lo opuesto al personaje original; una fuerza contraria que entiende y comparte su origen pero que ha evolucionado hasta adaptarse a la idea que hoy tenemos del miedo global.

Es el villano, de nombre Silva, interpretado por un gran Javier Bardem (que ha impresionado a la crítica con su interpretación) el que se enfrenta constantemente al mundo del viejo Bond con ciber-ataques y elaborados planes que van más allá de la dominación, o del dinero. Este villano simboliza la rabia contra el sistema, el caos y la venganza por una idea que trasciende las motivaciones del villano clásico (algo que ya vimos en “El caballero oscuro”, película en la que encontramos paralelismos). Silva representa la furia sin control contra un sistema que lo abandonó cuando más lo necesitaba y que ahora pretende poner en jaque. Es llamativo como, cerca del final de la película, Silva le comenta a Bond cuan agotador es el trabajo de campo, y que poco sentido tiene cuando existen herramientas que lo hagan todo más rápido y aséptico. Es precisamente en el final de la película cuando Bond se encuentra consigo mismo y vuelve a sus orígenes, con el fin de avanzar en su próxima etapa (James Bond es Escocés. Como dato curioso podemos contar que lo es por petición expresa de Sean Connery a su creador) Allí se enfrenta con su pasado, desprovisto de armas y en un lugar remoto; lejos de la tecnología de vanguardia o del mundo moderno, un lugar que puede simbolizar el origen primitivo y la lucha por la supervivencia. Un lugar en donde sólo James Bond puede triunfar.

Podría hablar mucho más de la película, ya que creo que es muy interesante el uso que ella encontramos de los símbolos. Aunque también creo que es puro cine de acción, bien entendido y bien contado. No hay que pensar que esta obra marcará un antes y un después (salvo en la saga Bond, claro) Pero es que realmente creo que hay un gran trabajo de dirección detrás; y eso lo digo yo, que nunca he sido fan de James Bond, pero sí que lo soy del bueno de San Mendes. Un director que demuestra de lo que es capaz en una cinta que no se parece a nada de lo que haya hecho con anterioridad.

Saludamos a este Bond, tal y como parece que lo hace la audiencia.

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Mátalos Suavemente. En el imperio todo el mundo reclama sus ruinas.

¿Qué es Estados Unidos? Sí, es un país. Y una potencia económica, y un referente para lo bueno (y para lo malo). Pero yo no sé mucho más que eso, no es una sociedad que conozca lo suficiente. Sí, he visto películas y he leído libros que hablaban de ese lejano (y a veces quimérico) lugar. Pero no he estado allí el tiempo suficiente para saber qué es Estados Unidos desde dentro. Sin embargo, sí que estuve el suficiente tiempo como para saber que el dinero manda, que la cultura del dinero es una parte de su genética básica; eso es algo que aprendes rápido. 

“Mátalos Suavemente” es la nueva película que surge de la colaboración entre su director y guionista Andrew Dominik, y el productor y actor Brad Pitt. Una película de una factura cuidada e interesante, y que tiene entre sus filas a algunos de los mejores actores americanos de las últimas décadas. Todos, además, muy conocidos por su trabajos en otras películas de gangsters. Y es que es difícil no recordar la maravillosa Goodfellas (Martin Scorsese, 1990) cuando ves a Ray Liotta en pantalla. También es imposible no pensar en Toni Soprano cuando ves a James Gandolfini hablando de sus problemas, como un matón a sueldo de poca monta, alcoholizado y venido a menos. Hasta ahí todo bien, el efecto buscado se consiguió.

La película está ambientada durante la campaña electoral que llevó a Obama al sillón de la presidencia de su país. Brad Pitt interpreta a un matón a sueldo que debe de descubrir que ha robado, por segunda vez, una partida de cartas ilegal. No tardará en averiguar que han sido dos cacos de poca monta y bastante poco inteligentes.

Durante todo el metraje diferentes clips de audio de Bush y Obama, sirven de telón de fondo, de metáfora, para hablar de EEUU y de como lo que ocurre arriba está a años luz de lo que ocurre abajo y de cómo, aún así, está conectado a través de una mentalidad común. Siempre hay una radio encendida, una tele con un discurso o un debate. Es como si la política fuera el reflejo de lo que estamos viendo en las calles de la película, un reflejo de esa américa corporativa que rara vez se mancha las manos y que siempre sale limpia de cualquier circunstancia.

Sin embargo. la película a veces se pierde. En muchos momentos vemos pequeños destellos que nos recuerdan al cine de Tarantino, o del mismísimo Scorsese. Destellos que parecen querer sus usados por el director. También asistimos a un gran control y uso de la técnica. Tal vez no fuera esa la intención de la película (el tener esas referencias) pero muchos nos hemos quedado con eso. Especialmente en los largos y, al parecer, poco trascendentales diálogos que se muestran en pantalla. No he tenido el placer de leer la novela en la que está basada en la película (Mátalos suavemente, de George V.Higgins). Así que no puedo comparar, ni decir en qué lugar queda ésta respecto a la película. Al parecer en la novela podemos disfrutar de largos diálogos entre los personajes, con mucho ritmo y que pueden llegar a recordar a lo que Tarantino nos muestra en sus películas. Aunque esto, en la película, llega a fallar por momentos; resultando poco interesante y afectando a la narración propuesta en un principio.
Al final lo que nos queda es una película que tiene un aura particular, que mezcla una reflexión de nuestros días, con el cine negro y algo de comedia.  Tal vez la obra podría haber sido algo más si hubiera intentado ser algo menos, aunque se agradece el intento de crear un cine reflexivo y que juegue con los géneros y el mensaje.

Verano musical

 

Llevo un tiempo sin actualizar. La verdad que he estado en otras cosas, no he dibujado mucho (o casi nada) y sigo intentando desatascar algunas cosas. Cosas importantes, creo que no voy mal del todo. Pero bueno, como tampoco quiero contar mi vida y como, también, creo que aún puedo ofrecer algunas cosas interesantes. Hoy, y como novedad, ofrezco una lista de reproducción de música para momentos de soledad, o de buena compañía.

Cutre, una crisis muy cutre.

Mi forma de hablar sobre la crisis es a través de dibujos de dudosa calidad y contenido (los que puedes encontrar en este blog), y no es porque no tenga nada que decir sobre la crisis. Es que creo que la crisis que vivimos es igual a mis dibujos: cutre y de poco contenido. Cada vez que miro la televisión, la prensa, un blog o escucho a un político hablar de lo que está ocurriendo me doy cuenta que nuestra crisis es simplemente una cuestión de calidad: de falta de calidad. Y de una, también, total falta de control de calidad. Es esta una crisis cutre, consecuencia de prácticas malintencionadas y cutres, llevadas a cabo por gente cutre y con muy mala idea. O peor, con buenas intenciones pero incapaz. Lo cual es mucho más cutre que lo anterior.

Esta crisis, también, es una crisis de sistema político y de marco legal. En mi opinión el sistema ha aceptado que las leyes son algo menor ante el crecimiento económico, y que la ley debe de adaptarse, no para crear un marco regulador que nos permita vivir una realidad adecuada y razonable dentro de una sociedad sana sino, más bien, que la leyes deben adaptarse a golpe de decreto para favorecer los intereses de un capital descabezado (y lejano en lo geográfico) al que sólo vemos cuando la luz alcanza las capas más profundas de un sistema que creíamos de todos. La falta de responsabilidad legal a la que parece que los responsables de todo lo que ha ocurrido se van a enfrentar, como si no pudiéramos, de ninguna forma, hacerles pagar por sus errores, como el ciudadano medio paga por los suyos, es, simplemente, el escándalo con el que tenemos que convivir a diario mientras se nos imponen leyes y recortes que atacan directamente a nuestro estilo de vida. Aquel que este sistema, que antes decía lo contrario, ha decidido que ya no nos merecemos.

Una vez más, lo peor de esta crisis no es a dónde nos está llevando. Es la sensación de que, en términos de modelo de sistema, seguimos en el punto cero y que los dirigentes que nos hemos dado no parecen con agallas, ni ideas, para plantearse una forma mejor de hacer las cosas. Y no quiero decir mejor para el país. No, quiero decir “mejor para la vida de las personas”. Esto va de personas.

 

Lo dicho, todo muy cutre.

Diamond Flash: El héroe que no es.

La primera vez que supe de Carlos Vermut fue cuando mi amiga Elena me enseñó en su portátil su cortometraje Maquetas. Este corto, que fue ganador del Notodofilmfest, me pareció muy interesante y divertido. Demostraba un talento especial para jugar con el drama, la comedia negra y con ciertos elementos de la cultura de nuestro tiempo, algo que no siempre es fácil y que, personalmente, valoro mucho. Tiempo después, este mismo cineasta, me dejó bastante impresionado con su corto para el REC Murcia: Michirones. Una pieza extraña, colorista (con power ranger incluido) y llena de un sentido del humor basado en una visión muy particular de lo que podríamos llamar “lo cotidiano”. La verdad es que veo mucho de esos dos cortos en el primer largo de Carlos Vermut, Diamond Flash, que tuve la oportunidad de visionar  el pasado viernes en la filmoteca Regional Francisco Rabal.

Lo cierto es que, hacía tiempo que andaba detrás de tener la oportunidad de verlo. Supe de su existencia cuando estábamos cerrando la programación del primer C-FEM, e incluso estuvimos pensando en intentar traer el largo para su proyección dentro de la muestra del festival. Sin embargo, ya era muy tarde para hacer cambios de programación de la muestra y no lo hicimos. Afortunadamente, la filmoteca se ha ocupado de traernos la película.

Si hay algo que puedo decir de Diamond Flash es que es una película difícil. Es densa, personal, avanza lentamente, es ambiciosa a su modo y, sobre todo, es una película muy oscura. Un tema tan escabroso como es el de los malos tratos es tratado en la película (por no hablar de otros) con una naturalidad que a más de un espectador le ha resultado incómoda. Sobre todo por tratarse de una película de mujeres, una película en dónde ellas llevan todo el peso de la historia. En dónde son víctimas y verdugos al mismo tiempo. Pero, es precisamente esa naturalidad, y la frialdad con la que el autor aborda toda la narración lo que hace que me parezca una película inteligente. Una obra cuya planificación revela, en ocasiones, la libertad de producción con la que ha sido realizada y que creo muy atractiva. Además, la película está dotada de un humor negro (y de una ironía tristemente trágica), sofisticado pero sencillo, en continua lucha con la tragedia. Una mezcla que dota a la obra, aún más si cabe, de un aura especial.

Sin embargo, no creo que Diamond Flash sea una película que aborde la tarea de contarnos algo desde la perspectiva de sorprendernos con una historia. En mi opinión se acerca mucho a propuestas de realizadores que prefieren contarnos lo que se escribe en las esquinas de las grandes aventuras, antes que narrarnos la aventura en sí. Y es que detrás de todo lo que no vemos en esta película hay una gran aventura, con enigmático enmascarado incluido.

Casi para terminar, comentaré algo que considero curioso. Es algo que nunca antes me había pasado viendo una película, y es lo siguiente: Cuando acabó la proyección me quedé pensando en que si Diamond Flash era una buena película, tal vez podría ser una gran novela gráfica. Sé que esto que digo no parece tener mucho sentido (salvo porque el autor es un conocido escritor y dibujante de comics). La verdad es que la forma de plantear la película, su narración y como juega con el tiempo a través de capítulos, me evocaba mucho a un lenguaje propio de una novela gráfica . Tal vez es una cosa mía, pero tuve esa sensación.

Sería injusto terminar este texto sobre la película sin hacer referencia a sus actrices (y actores). Porque Si algo tiene Diamond Flash son buenos actores. Carlos Vermut ha seleccionado un casting potente. Desde luego esta historia no hubiera podido funcionar sin unas actrices que la mantuvieran en lo alto en ciertos momentos.

En definitiva, una película realmente independiente. Una película que a muchos les costará digerir, pero que demuestra el talento de un realizador del que, yo al menos, espero seguir disfrutando en el futuro.

PD: No voy a hacer ninguna referencia al hecho de que sea una película autofinanciada, con muy poco dinero y rodada con una Lumix GH2 (cámara que conozco bien). Creo que, al final, cuando el tiempo pase el hecho de ser una producción mínima y valiente es algo anecdótico. Lo que queda es la película, la obra y la intención de ser realizada. No se trata del dinero que tengas, se trata de lo que vas a hacer. De lo que haces, en realidad. Así que en ese sentido felicitaremos a su realizador/productor, pues ha llegado a la línea de meta sin tropezar. Eso sí que merece un aplauso. Eso sí que es difícil.