Amo a Nicolas Cage

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Querido Nicolas, escribo estas lineas, después de mucho pensar, como una forma de dejar patente mi amor y  la profunda admiración que por ti siento. Pero no sólo por eso, también lo hago porque tengo una misión. Espera, te cuento. 

Hace tiempo que decidí que iba a dedicar parte de mi vida a defenderte, Nicolas Cage. Y lo hice porque me parece inaceptable el trato que recibes por parte de demasiada gente que no es capaz de apreciar tu valor como actor y como icono cultural.

Sí, he dicho “icono cultural” y no he ardido de forma espontánea.

No veas, menuda idea loca;  como si tú, mi admirado Nicolas, no hubieses sobrepasado tu condición de actor para ser un icono, una auténtica estrella de Hollywood que perdurará por los siglos y al que muchos reivindicarán en el futuro, cuando ya sea tarde. Que me llamen loco, me da lo mismo. Yo lo tengo claro, a mí no me va a pasar semejante cosa: yo te reivindicaré HOY.   

Así que me armo de valor y paciencia y me declaro tu defensor; y lo hago porque me parece justo y una buena idea. Eres un buen actor y un tipo con una carisma absoluta. Y también está lo de tu pelo, pero ese es otro tema. Es por todo esto que discutiré hasta el agotamiento contra todas esas personas que te critican duramente y que son incapaces de recordar las grandes interpretaciones que nos has regalado. Y cuando hablo de agotamiento me refiero al suyo, porque yo, como todo buen pirado de Internet, tengo cuerda para rato.

Nicolas, la gente parece haber olvidado que has trabajado con grandes directores, con bastantes, y siempre que lo has hecho has salido por la puerta grande; subido a un altar y dejándonos grandes momentos para el recuerdo. “Corazón salvaje” no puede ser imaginada sin ti, Nicolas Cage, y supongo que David Lynch piensa igual que yo. Y si no lo hace, pues muy mal. “Adaptation” no sería absolutamente nada sin tu interpretación de dos gemelos antagónicos en la película que todo guionista debería amar. “Arizona Baby” no molaría tanto si no estuvieras tú. Leaving Las Vegas, evidentemente tampoco. En “Con Air”,  posiblemente una de las pelis de acción más absolutamente molonas y locas de todos los tiempos nos regalas la grandísima interpretación de un padre luchador y fantástico que ha sido injustamente encarcelado y que tiene la única misión de defender el conejito que espera regalar a su hija cuando sea finalmente libre mientras que, al mismo tiempo, debe de salvar un avión lleno de maleantes en plena fuga y a su único amigo en la cárcel. ¿Qué más se le puede pedir a una película? Yo creo que nada. Pero no nos quedamos ahí. Nicolas, hasta eres un villano genial y luego un héroe cojonudo en “Cara a Cara”. ¿A quien no le gusta esa película? A mí no me gusta Jonh Woo y me parece hasta buena. También creo que mereces nuestra aprobación y respeto por tu papel en “El señor de la guerra”.  Hasta me pareces magistral en “La Roca”, en “Teniente Corrupto” y en “Al limite”. Películas firmadas por unos tales Bay, Herzog y Scorsese. Unos directores que no saben nada de nada y a los que no les debemos un respeto total. Bueno, a Bay a lo mejor sólo a ratos. Pero a los otros dos sí que les deberíamos invitar a merendar porque se lo han ganado.

Podríamos seguir, pero ¿para qué? Ha quedado claro lo que quiero decir; estoy seguro. Tú ya lo sabes, Nicolas. 

El problema, supongo, es que todo el mundo piensa en las pelis malas que has hecho. Cuando a lo mejor no son malas, sólo son películas de Nicolas Cage. Y eso, a mi juicio, ya las hace valorables. Pero la gente piensa en ellas, mucho más de lo que yo pienso en lo que hubieras molado como Superman en la que habría sido la adaptación más surrealista de un cómic jamás realizada. Algo que de haberse hecho habría cambiado la historia del cine; si es que no lo ha hecho ya, y eso que no llegaron ni a rodarla (tal vez aquí exagero un poco, puede ser). Y en gran parte es gracias, otra vez, a ti. Así de grande eres Nicolas Cage, hasta en la omisión eres decisivo. Como Rajoy. 

Sin embargo, no me gustaría que la gente, o que incluso tú, se llevara la equivocada impresión de que soy un fanático simplón. Puedo entender que en tu extensa filmografia hayan algunos bodrios infumables. Especialmente todas las del Motorista Fantasma. Películas terribles, las dos, hasta para un fan de los comics como yo. Pero es que, seamos claros: no hay luz sin oscuridad”. Siempre quise decir esa frase de mierda y finalmente lo he hecho porque venía que ni pintada. Otro punto para ti, Mr Cage, que me has dado la oportunidad a través de este texto. ¿Ves como eres decisivo? No me cansaré de decirlo. 

Tampoco quiero hablar de tu vida personal, o de tu excentricidades. Internet ya ha hablado mucho sobre eso y me parece irrelevante. Nicolas, la gente tiene que entender que uno no puede ser grande sin que ocurran cosas rarísimas y ciertamente locas. Sin tener una historia que contar. Eso forma parte de la grandeza. De la tuya, concretamente. Sigues sumando, Nicolas. Y de qué manera. Ni caso a aquellos que no lo entiendan. Tú sigue fuerte, como siempre.

Nicolas, no me voy a liar más. Hay mucha información sobre ti en Internet y cualquiera con buen juicio puede investigar y descubrir muchos detalles sobre tu vida y tu obra. Hasta encontrar algún que otro meme divertido que no son sin no más destellos de tu grandeza; si eres de verdad grande tendrás meme. Tú tienes muchos, Nicolas. Y son maravillosos, los miro todo el tiempo. Te lo juro, Nicolas. Los miro constantemente. 

Me toca despedirme, Nicolas Cage. Podría seguir durante horas pero está claro que me empezaría a repetir y creo haber dejado claro que seguiré de forma incansable admirándote y defendiéndote. Te digo adiós con la satisfacción de tener la posibilidad de repasar tus películas, una y otra y otra vez para seguir disfrutando de tu grandeza. Me voy no sin antes repetirlo una última vez: Gracias, Nicolas Cage. Siempre seré tuyo.

SIEMPRE.

Vale. Has llegado al final del texto y no eres Nicolas Cage. Así que te tengo que decir la verdad: Te he mentido, me encanta Nicolas Cage pero no tengo la misión de defenderlo en de ninguna manera, tampoco tengo porque escribirle una carta de amor tan pirada como la que acabas de leer. En realidad, mi intención es la de conseguir que repases, lector o lectora, algunas de sus mejores películas, las disfrutes y te des cuenta de lo grande que es este dos veces nominado a los Oscar (nominado, y una vez ganador; por supuesto). Y así, cuando hayas repasado sus grandes cintas, recordarás ese meme terrible y no sólo reirás, también recordarás a un actor maravillosamente único que ha conseguido convertirse en un género cinematográfico en sí mismo. 

Y todo esto con ese pelazo. Joder, tiene mérito. 

Gracias por leer.

Entre lactantes y votantes.

En esta etapa política que abrimos en España vamos a ver muchos gestos. Muchos. Los mismos que hemos visto durante estos años. Sin embargo, en vez de verlos en la calle, los vamos a ver en el Congreso. Y a diario. Quien no esté preparado para esto lo va a pasar mal y se va a llevar más de un innecesario cabreo. Pero es lo que toca y a esto debemos atenernos. El hecho de que la diputada de PODEMOS Carolina Bescansa haya llevado a su lugar de trabajo, en este caso el Congreso, a su bebé y hasta lo haya amamantado allí mismo, es, seguramente, uno de los muchos gestos sencillos pero poderosos que vamos a ver en los próximos meses y años en la política española. Además de una gran forma de comunicar sin abrir la boca. Simplemente con un gesto sencillo, casi básico. Una madre y su bebé. Nada más. Y a mí me parece bien, creo que mucha gente va a conectar con estas expresiones y se van a sentir, esta vez sí, representados en esas cortes de grandes palabras pero de hechos a veces cuestionables. Así que adelante y representemos la realidad de la sociedad en la que vivimos, que es como es. Aunque muchos intenten negarla o vestirla de otra manera. Pero no seamos simplistas, ya que vamos a ser efectistas. Al menos, seamos conscientes de que tarea es la que toca y no otra.

Así que lo importante es que no nos quedemos sólo en el gesto, en la reivindicación y en la imagen. Ya no estamos en campaña. Lo importante es que haya un fondo real detrás de todo esto y que los protagonista de estos gestos sean conscientes de que no se pueden quedar sólo ahí. Ahora les toca ponerse de acuerdo. Y para eso van a tener que negociar. Y en el terreno de la negociación toca comerse, de vez en cuando, un sapo. Y a nadie le gusta, pero es lo que toca. Espero que no les toque a ellos, por cierto. Pero negociar significa saber lo que uno quiere y que está dispuesto a hacer para conseguirlo, entendiendo que frente a ellos hay otras partes que también desean ver satisfechas sus aspiraciones. En este caso, representado a muchas personas de este país.

Supongo que algunos, como yo, esperan ver en eso llamado “el cambio” la capacidad de negociación y acuerdo para modificar esta realidad injusta y deformada por algunos interesados y no simplemente para hacerla más pintoresca. Espero que lo consigan, no sólo ellos: todos. Soy escéptico, no obstante.

El bebé monísimo, por cierto. No es la primera vez que vemos a uno en un parlamento, hay referencias en otros países y tampoco hay porque echarse las manos a la cabeza. Nada más bonito que una madre y su bebé. En el parlamento, en la calle o el mundo. Hay quien dirá que nadie discute eso, pero es que lo parece.

Gracias por leer.

Los hijos de puta también son los nuestros

Ser un hijo de puta tiene su arte. Y no estoy diciendo que cualquiera no pueda ser un hijo de puta, pero hay gente mejor preparada que el resto para ser un/a hijo/a de puta. Y vaya por delante que no estoy diciendo nada sobre sus madres; que a lo mejor eran señoras que no eran putas, o lo mejor sí que lo eran y muy bien que me parecería porque en esta vida uno puede que ser lo que le venga en gana mientras no moleste a los demás. Pero esto no ocurre con los hijos de puta. Porque un hijo de puta nace para ser eso: un hijo de puta. Para eso, y para dejar su huella con toda esa energía de artística maldad con la que han sido dotados desde su concepción y todo esto, como ya he dicho, independientemente de quién o qué cosa sea, o haya sido, su madre.

Los hijos de puta son artistas de la vida que crean una obra inigualable a través de la falta de empatía y las puñaladas; no siempre traperas, pero puñaladas al final y al cabo. Cuando no a través de cosas peores. Y es que hay que ver arte en todo eso; aunque nos joda y nos duela. Porque aplaudir el mal es una cosa terrible (mucho), y yo no lo hago. Pero seamos claros, esto es como lo de pintar, esculpir o bailar. Todo el mundo puede hacerlo pero otros pueden más, mejor o muchísimo mejor. El mal es así, una disciplina más.

Y yo los admiro. Pues sí, es cierto: admiro a los hijos de puta. ¿Quién no admira a un buen villano? Yo no puedo evitar hacerlo. Los admiro porque no sólo se hacen, ante todo nacen y luego, si eso, perfeccionan su condición. Por eso hay criaturas de 5 años a las que ves ese halo de hijoputismo desde el minuto uno. Aunque no dices nada, porque no vas a juzgar a ese pequeño ser humano que aún no ha crecido y no es mayor de edad. Te ahorras desarrollar un comentario al más puro estilo precrimen y te callas y das un sorbo a lo que sea que estés bebiendo. Sobre todo porque el hijo de puta en ciernes tiene unos padres que a lo mejor son amigos tuyos o, peor aún, familiares; además de excelentes personas, claro. Así que te lo callas, aunque pienses: “menuda pieza vas a ser, colega” mientras ríes las gracias cargadas de maldad que seguro que en algún momento el proyecto de hijo de puta va a brindar a su audiencia. Otros dirán, más cultos que yo, que eso dependerá de la educación. Yo como no creo en eso de que vengamos a la vida sin formato no puedo estar muy de acuerdo. Pero tampoco es que yo sepa mucho de nada. Es más, lo único digo que cada uno nace con algo en la mochila y que luego ya veremos. Pero ojo, tengo bien claro que la educación juega su imprescindible papel. Es decir, si los que te educan te lavan la cabeza para ser un cabrón miserable, pues probablemente un cabrón miserable serás; pero lo hagan o no, todos llevamos algo dentro cuando salimos al mundo cubiertos de un montón de fluidos. Cosas buenas, o muy buenas. Y cosas malas, muy malas. Todas potenciables hasta su mejor expresión. El hijoputismo también, claro. Y la maldad.

Algunos, con estas palabras, ya se estarán tirando de los pelos y hasta estarán pensando que aquí el único que tiene algo podrido dentro soy yo. Que si el ser humano no es malo por naturaleza y esas cosas. Y bien que me parece, yo tampoco creo que el ser humano sea malo por naturaleza. Ni un angelito tampoco. A las pruebas me remito. Y tampoco pasa nada porque se tiren de los pelos, algunos necesitan menos pelos en esas cabezas para que entre algo de aire fresco. Me incluyo.

Pero seamos claros: Por desgracia, el mundo necesita de los de hijos de puta y no porque en esta vida tengamos que tener de todo. Yo no creo que eso siempre sea así, a veces la variedad puede apestar un poco y eso lo digo yo, que soy fan de lo variado. Pero ese otro tema. Yo creo que el mundo necesita de hijos de puta porque a veces uno necesita a un buen hijo de puta al lado. Uno del que aprender, al que observar y, sobre todo, al que recurrir. Y si no lo encuentras, puede que el hijo de puta seas tú. Piénsalo.

Los sufriremos. A los hijos de puta; claro. Pero la maldad auténtica es un buen ejemplo de todo lo que puede hacer el ser humano de forma increíble, aunque esto sea lo puto peor. Nada como unas lecciones de genuina maldad por parte de un buen artista del mal para recordarnos que todo puede empeorar y que es mejor no llegar a según qué extremos.

Y así lo veo yo. Pero no se detengan; aún les quedan pelos.

Gracias por leer.

Ser puntual es ser triste por cansancio

Leí el otro día, durante un rato de buceo por redes sociales, una publicación que afirmaba que la universidad de nosedonde había publicado un estudio en el que se aseguraba que los optimistas tienen, todos, un rasgo en común: son impuntuales. Eso nos convertía a los puntuales en pesimistas de libro. Y punto. Según ese estudio poco se podía hacer ya.

Estuve pensando sobre ello un rato. Y debo de decir que creo que ese estudio tiene razón porque eso de ser puntual es una desgracia bastante grande. Lo digo yo, que soy asquerosamente puntual y posiblemente una de las personas que más tiempo ha esperado a sus citas de España.

La puntualidad, vista siempre como un rasgo de seriedad, educación y, en general, como una virtud, es una cosa asquerosa de la que no te puedes librar a pesar de saber que te va a costar más de un disgusto. El puntual, en la mayoría de los casos, se pasa la vida esperando. Esperando a todo el mundo, agarrándose un solitario cabreo por la impuntualidad de los demás y, peor aún, reflexionando sobre cómo es ésta vida, en la que nada llega cuando debería de llegar y en dónde si uno no es impuntual más le vale ser paciente.

Así que supongo que sí; los impuntuales son más optimistas. Lo son porque nunca esperan y porque viven con la prisa que les da llegar tarde a un destino puntual que les estará esperando pacientemente. Eso tiene que dar alegría. Como cuando Mia Wallace sale del baño después de empolvarse la nariz y se encuentra con la comida ya puesta en la mesa. En mi caso, que soy puntal como mi padre, me paso la vida pidiendo un café más o buscando un escaparate que mirar o una nueva maldición que susurrar en voz baja mientras espero asqueado por el calor, muerto por el frío o, rara vez, empapado por la lluvia a que llegue aquel, o aquella, que necesita siempre veinte minutos más. La puntualidad es soledad, incertidumbre y decepción. Así que me parece normal que los puntuales seamos pesimistas, con ese panorama ustedes dirán.

Pero no voy a dejar de ser puntual. Y no por militancia, sino porque sería imposible no serlo. Es como dejar de ser heavy, no se puede. Se es así y ya está aunque se pase uno al jazz y a la música clásica. Heavy te quedas para siempre. Además, entre todas las cosas ya dichas tenemos que recalcar que una persona puntual es una persona que tiene la esperanza de que todo ocurra según lo pactado y yo siempre tengo la esperanza, cuando no la ilusión, de que los tratos, ya sean con el reloj, con los demás o con uno mismo, sean cumplidos. Y si eso no es optimismo entonces debe de ser inocencia. Que también me parece un rasgo bonito al que agarrarse en los tiempos que corren.

Por lo tanto concluiré que estoy de acuerdo en el optimismo científico del impuntual si alguien me compra mi idea de la virginal e incorruptible inocencia del que es puntual. Pero claro, tal vez sea esa otra puerta a la desilusión del puntual. La muerte de la inocencia a través de la continua espera de aquello que ocurrirá tarde, cuando ya no tocaba. Aunque tal vez dé igual, porque según mi experiencia hasta la desilusión a veces llega también tarde.

Videoclips que molan: Jay Z – 99 Problems

Hoy traigo a la palestra un vídeo-clip que descubrí después de la canción a la que ilustra. No soy un gran seguidor del hip-hop. Lo mío son otros estilos. Pero he de reconocer que el sonido potente de la base “99 problems” me enganchó desde el principio. Tanto fue así que me puse a buscar algo más de información sobre la canción y el artista, hasta que hallé este vídeo-clip oficial y mi amor fue completo.

Hay quien dirá que este vídeo-clip no tiene nada del otro mundo, o tal vez sí. Según se mire, para empezar porque ganó diferentes premios en su día. En mi opinión es un vídeo perfecto para la canción para el que fue realizado. El blanco y negro es precioso, y tiene una fotografía que me encanta. Algunos retratos de los personajes que en él podemos ver son autenticas obras de arte. Engancha, simplemente, por sus imágenes, poderosas, extrañas, cotidianas y algo perturbadoras y por un montaje soberbio. Me viene a recordar algunas cabeceras de serie de televisión. Desde luego, bien podría ser una de ellas. Además, es un vídeo urbano. No es un vídeo excesivamente prefabricado y con escenarios de fantasía, aunque esta bastante preparado. La cámara se mueve suave, a cámara lenta y con una estabilidad estupenda fruto de un gran trabajo de steadycam. Eso no quita que estemos hablando de un vídeo de la calle, para un artista de la calle que está cantando sobre eso.

El director de la pieza es del conocido realizador de vídeo-clips Mark Romanek. El mismo tío que dirigió grandes vídeo-clips para Nine Inch Nails” como fueron “Closer” y, sobre todo, y para mí, “The perfect Drug”. Es un realizador que destaca por su capacidad visual y conceptual. Se nota que no se le escapa una y posee un gran conocimiento de la imagen y del arte. Uno de mis favoritos, sin lugar a dudas.

Como curiosidad: En el vídeo podemos ver al famoso productor musical Rick Rubin varias veces, y a Vicent Gallo.

Espero que ustedes lo disfruten.

Mi último trabajo: Vídeo-clip para InMune

logo inmune

Hace un par de meses largos (laaaaaargos…) estuve rodando un vídeo-clip en Barcelona para la canción de lanzamiento de la banda InMune. Para quien no lo sepa, InMune es la nueva aventura musical de músicos tan experimentados como el prestigioso cantante y músico Morti (Skizoo, ex mundus, Fantástico Hombre Bala). Le acompañan en el proyecto gente a la que conozco muy bien, y con la que compartí proyecto musical hace no demasiado tiempo. Me estoy refiriendo a Paulo Morete y a David Segado (guitarrista y bajista). Con estos ellos compartí aventuras musicales a través de un proyecto músical llamado EinSof. Pero de eso no vamos a hablar ahora, aunque puedes escuchar el EP que grabamos en spotify. La banda la completa Carlos a la batería.

InMune buscaba un vídeo-clip que reflejase la personalidad de la banda y de la música que practican, con un buen look y que abriera el apetito a sus seguidores cara a sus próximos lanzamientos. El rock de InMune es potente y oscuro, tiene ciertos tintes de pop y algo de metal. Reflejar todos estos elementos en el vídeo era importante. Así que estuvimos decidiendo el tono que este debería tener, aunando comentarios e ideas entre ambas partes. Por mi parte, les propuse hacer un pequeño, y muy velado, homenaje a los vídeo-juegos estilo “survival horror” en primera persona y a las películas estilo “found footage”, todo con cierta estética de película de terror. Les pareció que podía ser interesante y nos pusimos a ello.

El trabajo se rodó con una cámara Panasonic AG-AF 101a (planos de la casa) y una Lumix GH3 (los planos de banda). Ambas cámaras respondieron muy bien. Sobre todo nos llamó la atención la latitud de la AG-AF 101a, mucho mayor que la de la Lumix GH3 (que se comporta de forma impresionante). Es una lástima que esta última tenga un mejor codec y responda mejor antes situaciones de poca luz que la AG-AF. Desde luego, la combinación de ambas daría como resultado una cámara genial. Tal vez en el futuro, veremos.

El resultado es un vídeo-clip muy directo que presenta a una banda que ya está preparando su primer disco para septiembre y que con esta canción saltan a la palestra. ¡Esperemos que lo disfrutéis!

Video-clips que mola: Prison Sex por Adam Jones

A día de hoy todos los que estamos en esto del audiovisual hemos terminado haciendo vídeo-clips (más o menos). Y es que ahora es fácil rodar uno: tenemos acceso a las cámaras y a un mínimo equipo con algo de calidad, a los programas de edición y a los grupos, o músicos, para hacerlos. Sin embargo, hacer vídeo-clips que molen de verdad sigue siendo una actividad reservada a unos pocos.

Hoy traigo a la palestra el vídeo-clip del tema Prison Sex de la banda Tool. El vídeo ya tiene unos añitos pero a mí cada día que pasa me gusta más. Está realizador por Adam Jones, guitarrista de la banda y especialista en efectos especiales. En su día, el vídeo fue censurado por la MTV por considerarlo inapropiado, ya que tanto la canción como el vídeo trata el tema de los abusos infantiles. Sin duda, una temática espinosa.

La obra audiovisual es una maravilla de la animación que usa la técnica del stop-motion. Los diseños de los personajes, así como la ambientación y la realización lo convierte en uno de mis favoritos de todos los tiempos. Ni que decir tiene que la canción también me encanta, pero en este caso yo suelo ver el vídeo antes que escuchar la canción. Para mí ya son inseparables.

Que ustedes los disfruten:

 

 

Skyfall, gusto por lo clásico

Renovarse implica aceptar el cambio, y aceptar el cambio implica, también, aceptar como inevitable la pérdida de viejas costumbres. La renovación es siempre un proceso difícil, pues puede pasar por el desconcierto, la sensación de vacío y el miedo a lo desconocido. Sin embargo, la renovación es también una forma de aceptar que hay cosas que nunca cambian y que el espíritu inicial de aquello que pretendemos renovar estará presente hasta el final, haya renovación o no, sin traicionarse.

Skyfall es una película que se define en su primera imagen; algo que sabemos cuando termina la proyección. La película comienza con un pasillo oscuro en el que aparece, de repente, la silueta de un James Bond enfundado en su perfecto y elegante traje, al tiempo que blande, de forma defensiva, su clásica arma. Hace acto de presencia con un golpe de orquesta de la inconfundible banda sonora que ha acompañado al personaje desde sus inicios. Esa imagen, claro referente a la clásica entrada de Bond  (aquella en la que un punto de mira sigue al personaje, hasta que éste dispara contra ella), pone de manifiesto que nos encontramos ante una cinta que pretende recuperar los valores originales del personaje; y que pretende hacerlo sin olvidar que vivimos otros tiempos.  Es por lo tanto, Skyfall, y como ya se ha dicho en otros lugares, una película de James Bond. Ni más, ni menos. Una película a la vieja usanza, de las que podíamos llegar a echar de menos, pero con todo lo nuevo que deberíamos encontrar en una cinta de estas características en nuestros días. Sinceramente creo que esta película está destinada a conciliar el futuro con el pasado. No sé si la saga volverá a mirar atrás, pero está claro que Skyfall es un intento de dar lo mejor de lo viejo, con aspecto de nuevo.

Y es que ese el tema de la película. Una cinta en la que un James Bond clásico sigue viajando por el mundo, seduciendo a mujeres bellas y espiando sin ni siquiera llevar un portátil encima en pleno siglo XXI. James Bond no responde e-mails, al mismo tiempo que se enfrenta con un villano que no es otra cosa que lo opuesto al personaje original; una fuerza contraria que entiende y comparte su origen pero que ha evolucionado hasta adaptarse a la idea que hoy tenemos del miedo global.

Es el villano, de nombre Silva, interpretado por un gran Javier Bardem (que ha impresionado a la crítica con su interpretación) el que se enfrenta constantemente al mundo del viejo Bond con ciber-ataques y elaborados planes que van más allá de la dominación, o del dinero. Este villano simboliza la rabia contra el sistema, el caos y la venganza por una idea que trasciende las motivaciones del villano clásico (algo que ya vimos en “El caballero oscuro”, película en la que encontramos paralelismos). Silva representa la furia sin control contra un sistema que lo abandonó cuando más lo necesitaba y que ahora pretende poner en jaque. Es llamativo como, cerca del final de la película, Silva le comenta a Bond cuan agotador es el trabajo de campo, y que poco sentido tiene cuando existen herramientas que lo hagan todo más rápido y aséptico. Es precisamente en el final de la película cuando Bond se encuentra consigo mismo y vuelve a sus orígenes, con el fin de avanzar en su próxima etapa (James Bond es Escocés. Como dato curioso podemos contar que lo es por petición expresa de Sean Connery a su creador) Allí se enfrenta con su pasado, desprovisto de armas y en un lugar remoto; lejos de la tecnología de vanguardia o del mundo moderno, un lugar que puede simbolizar el origen primitivo y la lucha por la supervivencia. Un lugar en donde sólo James Bond puede triunfar.

Podría hablar mucho más de la película, ya que creo que es muy interesante el uso que ella encontramos de los símbolos. Aunque también creo que es puro cine de acción, bien entendido y bien contado. No hay que pensar que esta obra marcará un antes y un después (salvo en la saga Bond, claro) Pero es que realmente creo que hay un gran trabajo de dirección detrás; y eso lo digo yo, que nunca he sido fan de James Bond, pero sí que lo soy del bueno de San Mendes. Un director que demuestra de lo que es capaz en una cinta que no se parece a nada de lo que haya hecho con anterioridad.

Saludamos a este Bond, tal y como parece que lo hace la audiencia.

Cutre, una crisis muy cutre.

Mi forma de hablar sobre la crisis es a través de dibujos de dudosa calidad y contenido (los que puedes encontrar en este blog), y no es porque no tenga nada que decir sobre la crisis. Es que creo que la crisis que vivimos es igual a mis dibujos: cutre y de poco contenido. Cada vez que miro la televisión, la prensa, un blog o escucho a un político hablar de lo que está ocurriendo me doy cuenta que nuestra crisis es simplemente una cuestión de calidad: de falta de calidad. Y de una, también, total falta de control de calidad. Es esta una crisis cutre, consecuencia de prácticas malintencionadas y cutres, llevadas a cabo por gente cutre y con muy mala idea. O peor, con buenas intenciones pero incapaz. Lo cual es mucho más cutre que lo anterior.

Esta crisis, también, es una crisis de sistema político y de marco legal. En mi opinión el sistema ha aceptado que las leyes son algo menor ante el crecimiento económico, y que la ley debe de adaptarse, no para crear un marco regulador que nos permita vivir una realidad adecuada y razonable dentro de una sociedad sana sino, más bien, que la leyes deben adaptarse a golpe de decreto para favorecer los intereses de un capital descabezado (y lejano en lo geográfico) al que sólo vemos cuando la luz alcanza las capas más profundas de un sistema que creíamos de todos. La falta de responsabilidad legal a la que parece que los responsables de todo lo que ha ocurrido se van a enfrentar, como si no pudiéramos, de ninguna forma, hacerles pagar por sus errores, como el ciudadano medio paga por los suyos, es, simplemente, el escándalo con el que tenemos que convivir a diario mientras se nos imponen leyes y recortes que atacan directamente a nuestro estilo de vida. Aquel que este sistema, que antes decía lo contrario, ha decidido que ya no nos merecemos.

Una vez más, lo peor de esta crisis no es a dónde nos está llevando. Es la sensación de que, en términos de modelo de sistema, seguimos en el punto cero y que los dirigentes que nos hemos dado no parecen con agallas, ni ideas, para plantearse una forma mejor de hacer las cosas. Y no quiero decir mejor para el país. No, quiero decir “mejor para la vida de las personas”. Esto va de personas.

 

Lo dicho, todo muy cutre.

Diamond Flash: El héroe que no es.

La primera vez que supe de Carlos Vermut fue cuando mi amiga Elena me enseñó en su portátil su cortometraje Maquetas. Este corto, que fue ganador del Notodofilmfest, me pareció muy interesante y divertido. Demostraba un talento especial para jugar con el drama, la comedia negra y con ciertos elementos de la cultura de nuestro tiempo, algo que no siempre es fácil y que, personalmente, valoro mucho. Tiempo después, este mismo cineasta, me dejó bastante impresionado con su corto para el REC Murcia: Michirones. Una pieza extraña, colorista (con power ranger incluido) y llena de un sentido del humor basado en una visión muy particular de lo que podríamos llamar “lo cotidiano”. La verdad es que veo mucho de esos dos cortos en el primer largo de Carlos Vermut, Diamond Flash, que tuve la oportunidad de visionar  el pasado viernes en la filmoteca Regional Francisco Rabal.

Lo cierto es que, hacía tiempo que andaba detrás de tener la oportunidad de verlo. Supe de su existencia cuando estábamos cerrando la programación del primer C-FEM, e incluso estuvimos pensando en intentar traer el largo para su proyección dentro de la muestra del festival. Sin embargo, ya era muy tarde para hacer cambios de programación de la muestra y no lo hicimos. Afortunadamente, la filmoteca se ha ocupado de traernos la película.

Si hay algo que puedo decir de Diamond Flash es que es una película difícil. Es densa, personal, avanza lentamente, es ambiciosa a su modo y, sobre todo, es una película muy oscura. Un tema tan escabroso como es el de los malos tratos es tratado en la película (por no hablar de otros) con una naturalidad que a más de un espectador le ha resultado incómoda. Sobre todo por tratarse de una película de mujeres, una película en dónde ellas llevan todo el peso de la historia. En dónde son víctimas y verdugos al mismo tiempo. Pero, es precisamente esa naturalidad, y la frialdad con la que el autor aborda toda la narración lo que hace que me parezca una película inteligente. Una obra cuya planificación revela, en ocasiones, la libertad de producción con la que ha sido realizada y que creo muy atractiva. Además, la película está dotada de un humor negro (y de una ironía tristemente trágica), sofisticado pero sencillo, en continua lucha con la tragedia. Una mezcla que dota a la obra, aún más si cabe, de un aura especial.

Sin embargo, no creo que Diamond Flash sea una película que aborde la tarea de contarnos algo desde la perspectiva de sorprendernos con una historia. En mi opinión se acerca mucho a propuestas de realizadores que prefieren contarnos lo que se escribe en las esquinas de las grandes aventuras, antes que narrarnos la aventura en sí. Y es que detrás de todo lo que no vemos en esta película hay una gran aventura, con enigmático enmascarado incluido.

Casi para terminar, comentaré algo que considero curioso. Es algo que nunca antes me había pasado viendo una película, y es lo siguiente: Cuando acabó la proyección me quedé pensando en que si Diamond Flash era una buena película, tal vez podría ser una gran novela gráfica. Sé que esto que digo no parece tener mucho sentido (salvo porque el autor es un conocido escritor y dibujante de comics). La verdad es que la forma de plantear la película, su narración y como juega con el tiempo a través de capítulos, me evocaba mucho a un lenguaje propio de una novela gráfica . Tal vez es una cosa mía, pero tuve esa sensación.

Sería injusto terminar este texto sobre la película sin hacer referencia a sus actrices (y actores). Porque Si algo tiene Diamond Flash son buenos actores. Carlos Vermut ha seleccionado un casting potente. Desde luego esta historia no hubiera podido funcionar sin unas actrices que la mantuvieran en lo alto en ciertos momentos.

En definitiva, una película realmente independiente. Una película que a muchos les costará digerir, pero que demuestra el talento de un realizador del que, yo al menos, espero seguir disfrutando en el futuro.

PD: No voy a hacer ninguna referencia al hecho de que sea una película autofinanciada, con muy poco dinero y rodada con una Lumix GH2 (cámara que conozco bien). Creo que, al final, cuando el tiempo pase el hecho de ser una producción mínima y valiente es algo anecdótico. Lo que queda es la película, la obra y la intención de ser realizada. No se trata del dinero que tengas, se trata de lo que vas a hacer. De lo que haces, en realidad. Así que en ese sentido felicitaremos a su realizador/productor, pues ha llegado a la línea de meta sin tropezar. Eso sí que merece un aplauso. Eso sí que es difícil.