Ser puntual es ser triste por cansancio

Leí el otro día, durante un rato de buceo por redes sociales, una publicación que afirmaba que la universidad de nosedonde había publicado un estudio en el que se aseguraba que los optimistas tienen, todos, un rasgo en común: son impuntuales. Eso nos convertía a los puntuales en pesimistas de libro. Y punto. Según ese estudio poco se podía hacer ya.

Estuve pensando sobre ello un rato. Y debo de decir que creo que ese estudio tiene razón porque eso de ser puntual es una desgracia bastante grande. Lo digo yo, que soy asquerosamente puntual y posiblemente una de las personas que más tiempo ha esperado a sus citas de España.

La puntualidad, vista siempre como un rasgo de seriedad, educación y, en general, como una virtud, es una cosa asquerosa de la que no te puedes librar a pesar de saber que te va a costar más de un disgusto. El puntual, en la mayoría de los casos, se pasa la vida esperando. Esperando a todo el mundo, agarrándose un solitario cabreo por la impuntualidad de los demás y, peor aún, reflexionando sobre cómo es ésta vida, en la que nada llega cuando debería de llegar y en dónde si uno no es impuntual más le vale ser paciente.

Así que supongo que sí; los impuntuales son más optimistas. Lo son porque nunca esperan y porque viven con la prisa que les da llegar tarde a un destino puntual que les estará esperando pacientemente. Eso tiene que dar alegría. Como cuando Mia Wallace sale del baño después de empolvarse la nariz y se encuentra con la comida ya puesta en la mesa. En mi caso, que soy puntal como mi padre, me paso la vida pidiendo un café más o buscando un escaparate que mirar o una nueva maldición que susurrar en voz baja mientras espero asqueado por el calor, muerto por el frío o, rara vez, empapado por la lluvia a que llegue aquel, o aquella, que necesita siempre veinte minutos más. La puntualidad es soledad, incertidumbre y decepción. Así que me parece normal que los puntuales seamos pesimistas, con ese panorama ustedes dirán.

Pero no voy a dejar de ser puntual. Y no por militancia, sino porque sería imposible no serlo. Es como dejar de ser heavy, no se puede. Se es así y ya está aunque se pase uno al jazz y a la música clásica. Heavy te quedas para siempre. Además, entre todas las cosas ya dichas tenemos que recalcar que una persona puntual es una persona que tiene la esperanza de que todo ocurra según lo pactado y yo siempre tengo la esperanza, cuando no la ilusión, de que los tratos, ya sean con el reloj, con los demás o con uno mismo, sean cumplidos. Y si eso no es optimismo entonces debe de ser inocencia. Que también me parece un rasgo bonito al que agarrarse en los tiempos que corren.

Por lo tanto concluiré que estoy de acuerdo en el optimismo científico del impuntual si alguien me compra mi idea de la virginal e incorruptible inocencia del que es puntual. Pero claro, tal vez sea esa otra puerta a la desilusión del puntual. La muerte de la inocencia a través de la continua espera de aquello que ocurrirá tarde, cuando ya no tocaba. Aunque tal vez dé igual, porque según mi experiencia hasta la desilusión a veces llega también tarde.

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2 comentarios en “Ser puntual es ser triste por cansancio

  1. De puntual a puntual, pocas veces me he reído tanto de ello,gracias por hacer que la enesima espera del día haya sido,al menos,motivo de sonrisa

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