POR TUS OBRAS TE CONOCERÁN

“No recomendaría seguir mi camino. Es demasiado trabajo. A veces me pregunto ¿por qué sigo? Porque las alternativas no me convencen. De vez en cuando, la gente me pregunta si deberían ser guionistas o directores. Y les suelo decir que, si encuentran la felicidad en cualquier otro campo, adelante.

Si te dedicas al arte es porque no tienes elección. “

Paul Schrader, guionista de cine.

Extraído del documental “Tales from the script”

Estas palabras, del famoso guionista Paul Schrader, me dan la excusa perfecta para hablar de lo que, para mí, supone la creación artística desde un punto de vista íntimo. Algo que sólo está recomendado para el yonki creativo, para aquel que no está satisfecho con la realidad que le rodea y necesita, de una forma constante, reinventarla, repensarla y cuestionarla.  Para ese que, de alguna forma, entendió que lo que hace es producto de quien es. Y no al revés.

Si para un creador hay algo así como un “infierno común”, sin duda ese es el escenario de la insatisfacción personal y privada en el que vive la mayor parte del tiempo, y de todos los deseos contrapuestos que uno puede encontrar en ese estado. Y es que en todo creador hay un ego, una voz interior que desde la suficiencia que le proporciona su propia creatividad le dice “eres bueno, puede que muy bueno; destacas. Mereces más, puedes hacerlo”. Al mismo tiempo hay un sentimiento crítico que no para de gritar: “eso no es suficiente, no lo es”.

Sí.

Además, y  finalmente, hay que sumar una tercera voz: la que te dice que podrías estar haciendo cualquier otra cosa más sencilla y práctica. Que sería más feliz si no pensaras tanto.  Tener una vida más “fácil y normal”.

Pero eso es imposible. No podrías intentar hacer otra cosa. Porque lo que haces te define y te identifica, te hace encontrar a tu verdadero YO.  Aunque ese YO no te guste, ni te haga feliz a largo plazo. De eso va el arte, al menos para mí. Crear es un proceso que en parte se basa en encontrarte cara a cara con quien eres para felicitarte y odiarte al mismo tiempo.

Son muchos los creativos que desde una melancolía cierta, aunque un poco llorona, se quejan amargamente de esa insatisfacción que les impulsa a crear y a expresarse, pero de la que no consiguen zafarse. Se quejan de la infelicidad incompresible que les genera su estado. De cómo desearían un mundo azul, y de cómo sólo consiguen verlo todo gris. No es que no puedan huir de esa sensación, que pueden, es que si lo hacen dejan de ser quienes son.  Y eso sí que les da miedo. Al fin y al cabo, serán artistas amargados pero al menos son artistas.

Así que podríamos decir que lo peor es que todas las voces tienen algo de razón.  La lucha interior está servida. Una lucha muy dura que no te llena sino que te vacía si no encuentras el virtual confort del equilibrio que la madurez puede llegar a darte. Pero, aún así, siempre vas a tener a esas tres voces peleándose dentro de tu cabeza.

Dicen que “por tus obras te conocerán”. Y tanto que sí.  Pero nadie te dice que tú, también, te conocerás por tus obras. Más que los demás.

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